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Reforma fiscal 2014: ¿Conseguirá simplificar el sistema tributario?

28 Marzo, 2014

Con el objetivo de lograr la tan deseada armonización fiscal en la Unión Europea, la comisión de expertos constituida por el Gobierno ha sentado las bases fundamentales de una nueva reforma fiscal. Más amplia que las realizadas hasta ahora y con el objetivo de ajustar el crecimiento de la economía a corto plazo, la reforma tributaria anunciada quiere dejar atrás la falacia de la consolidación fiscal, pretendiendo mejorar la competitividad económica al incrementar el ahorro y el empleo. Una mejoría que se antoja necesaria y para la que se proponen una serie de medidas articuladas en cuatro bloques fundamentales. A la hora de hablar del IVA, debido a la escasa capacidad recaudatoria de España por este tributo en comparación con nuestros vecinos europeos, la propuesta pasa por suprimir y a la par reducir algunas de las exenciones que se contemplan en su texto legal, como los servicios postales, por citar un ejemplo. Sin embargo, uno de los puntos álgidos de esta reforma radica en hacer tributar bienes y prestaciones de servicios al tipo general del 21 por ciento que actualmente lo están haciendo a un tipo reducido del 10 por ciento -si es que finalmente no se eleva el tipo de gravamen general-. Esto presentaría una subida del IVA amparada en una reclasificación de tipos. Compensación de la carga fiscal de los contribuyentes Respecto al IRPF, el camino que traza la comisión de expertos es claro: por un lado, eliminar el máximo de exenciones, reducciones y deducciones, y, por otro, realizar una bajada sustancial de las tarifas del IRPF, para intentar compensar y equilibrar la carga fiscal de los contribuyentes. Por todo ello, proponen algunas medidas como rebajar la reducción de los rendimientos irregulares del trabajo así como acotar sus casuísticas; tributar por la vivienda habitual, excepto para las rentas bajas y con valor no superior a 90.000 euros; o suprimir el régimen de estimación objetiva modular, por enumerar algunas de ellas. Para intentar equilibrar tantas minoraciones se plantea la revisión de los mínimos personales y familiares con una periodicidad cuatrienal, reducir a cuatro las tarifas del impuesto, y para la escala del ahorro se sugiere que el tipo sea el equivalente al más bajo de la general.En definitiva, una reforma de tanto calado debería basarse en la equidad y equilibrio entre los tipos de tarifas, el alcance de los tramos y las diferentes deducciones al trabajo y a la cuota. No paga quién más tiene Las recomendaciones en torno al Impuesto de Sociedades incluyen, entre otras, reducir el tipo de gravamen general de forma gradual, hasta dejarlo en un 20 por ciento, y eliminar el régimen de reducida dimensión, las deducciones por inversión, o las deducciones por eventos de mecenazgo y el régimen fiscal de arrendamiento financiero. Esta reforma reduciría y simplificaría el impuesto, a la vez que suprimiría su progresividad -ya no paga quién más tiene-. Su justificación es que de esta forma conseguirán que el tipo de gravamen efectivo, al que tributan las grandes empresas, coincida con el tipo de gravamen nominal del impuesto. Por otra parte, justifican la supresión del régimen de reducida dimensión, argumentando que su existencia incide en que las pequeñas empresas no crezcan. Razonamiento este último que, quizá, sea un tanto aventurado si lo enmarcamos en un entorno de crisis mantenido desde el año 2007. Equiparación de las cotizaciones sociales con un tributo sobre el trabajo En materia de Seguridad Social, igual que en otros ámbitos tributarios, la propuesta sigue siendo la de reducción, en este caso la de disminuir al máximo las bonificaciones y exenciones de cotización por su escaso impacto en la contratación. Si seguimos ahondando en esta materia, se pretende equiparar las cotizaciones sociales con un tributo sobre el trabajo y en consecuencia se propone que se gestione desde el ámbito tributario. Aplicado con criterio puede representar un importante avance. Para facilitar más las cosas aconsejan que la base de cotización fiscal y social coincida y se cotice por la retribución total, sin topes, como en el IRPF. Con ello, continúa la simplificación, pero, como contrapartida, se encarecerá sensiblemente el gasto social de estos contratos No obstante, y como ya está previsto, en aras a la mejora de la competitividad y la confluencia con Europa, se redistribuiría la carga impositiva entre la empresa y el trabajador, incrementando la aportación de estos últimos, por lo que las posibles desventajas se podrían diluir dentro de este cambio de enfoque. Finalmente, cualquier sistema de previsión que se precie paga en función de lo que se aporta por lo que, dado que el nuestro está muy lejos de ello, se recomienda comenzar a corregirlo mejorando la contributividad del sistema al ligar de modo más estrecho la prestación a la cotización realmente efectuada. ¿Hacia dónde vamos? En el horizonte de esta reforma tributaria, elaborada por nueve expertos, se visualiza el ánimo de simplificación de nuestro sistema tributario. Cierto es que se pretende lograr una equidad y un equilibrio, dos principios fundamentales, y dos de los grandes pilares económicos internos y de la zona euro. Alcanzarlo pasaría, pues, por reducir el IRPF, las cotizaciones sociales o el Impuesto de Sociedades; la reclasificación de tipos de IVA; contrarrestando con un aumento del IBI a cambio de suprimir el ITP o el Impuesto de Patrimonio. El tiempo confirmará o no el objetivo que la propuesta de esta reforma persigue.